miércoles 20 de enero de 2010

La carga de los Nihashi

Aquí les dejo un relato con el que conseguí el tercer puesto en el V Concurso del Círculo de Bardos. Espero que lo disfruten, amigos míos.



“La carga de los Nihashi”

Kogy sonrió con desdén al vislumbrar el mar de acero que refulgía en el fondo del valle. Un hervidero de hombres en perfecta formación, como un gran tablero de ajedrez. El menor de los Nihashi alzó la vista hacia la colina y descubrió las oriflamas palpitantes del Lord Matsuo. Los tigres alados estaban acompañados por la serpiente marina de los Señores del Este. Sin duda se trataba de un gran ejército. Una fuerza destinada a destruir el poder de su padre en las tierras septentrionales. De antemano comprendía que eran enemigos formidables, pero aquello no tenía importancia. El honor de su clan estaba en entredicho y tenía su acero para probar lo contrario.
Alzó la vista al sol naciente y respiró el aire frío del amanecer. La fragancia de la hierba húmeda y el hedor de hombres y monturas le llenaron los pulmones.
Takeo envidió la calma de su hermano. Allí, embutido en aquella armadura lacada y armado hasta los dientes, era la misma encarnación del dios de la guerra. Al vislumbrar la extraña tranquilidad que asomaba en su rostro comprendió que había nacido para aquel momento. Él, por el contrario, deseaba con todas sus fuerzas encontrarse lejos de allí. Su mente se hallaba sumida en los recuerdos de Miraku, en aquel cuerpo tibio y piel de porcelana que le había alegrado sus días. Pero aquello no tenía importancia. Sin honor no sería más que una sombra, una vergüenza para los suyos y sus ancestros. Apretó el mango de la espada y acarició el manojo de cabello de su amada que pendía de la empuñadura. Ella misma se lo había puesto en las manos la noche anterior a su partida.
Un murmullo surgió de las apretadas filas de jinetes al vislumbrar la presencia del patriarca del clan Nihashi. Portaba un peto bellamente labrado con un fiero león de montaña, símbolo de su familia. El bronce refulgió al contacto con los primeros rayos del sol. Se detuvo en medio de sus dos retoños y asintió con gravedad sin pronunciar palabra. Fijó la atención en las líneas enemigas y un leve suspiro surgió del aquel rostro severo, enmarcado por los años. Las fuerzas combinadas de los invasores le superaban al menos cinco a uno. Podía ver las filas de arqueros apostados en los abetos que se abrían a la derecha de su posición. El fulgor de aquellos yelmos se insinuaba a través de la espesura.
Enfrente, los colores de sus rivales palpitaban bajo el viento, orgullosos e imbatibles. Pero todo aquello no importaba. El honor dictaba que deberían plantar cara a sus adversarios sin importar las consecuencias. Akira Nihashi volvió entonces la vista hacia el pabellón de Lord Matsuo y una cólera cerval inundó su pecho. Hacia allí dirigiría la ira de sus huestes. Estaba decidido a terminar con aquel traidor a toda costa, sin importarle perder la vida en el intento.
El Señor de los Nihashi desenvainó la espada y un grito aguerrido emanó con fuerza de las gargantas de sus seguidores, un clamor que retumbó por aquellas montañas, anunciándoles a los invasores que pagarían con sangre su afrenta.
Volvió la vista hacia Kogy. El joven sonrió con altivez, mientras tiraba de las riendas de su agitada montura. En aquellos ojos destellaba la irreflexiva pasión de la juventud. Luego contempló el semblante de Takeo y vislumbró una sombra de desdicha que luego se convirtió en firmeza al sentir el peso de su mirada. El mayor de los Nihashi asintió mientras desenvainaba la espada. Kogy soltó una carcajada y les rogó a los dioses que guiaran su hoja hacia el corazón del enemigo.
Cargaron colina abajo, en medio del estruendo de los cascos y el resplandor de los yelmos y las espadas. La tierra tembló bajo el peso de cientos de corceles de batalla destinados a romper las líneas adversarias.
Una lluvia de saetas surgió de la arboleda. Decenas cayeron en el flanco de la formación, pero el cuerpo principal permanecía impertérrito, cabalgando sin tregua hacia la gloria o la muerte. Akira Nihashi evadió los cuerpos quebrados de su vanguardia y prosiguió con tenacidad hacia las filas de carne y acero que le esperaban más adelante. A la izquierda, su hijo menor blandía la katana sobre la cabeza como los bárbaros de las estepas.
A una orden, la horda de caballería se convirtió en una cuña afilada que rompió el centro de la infantería enemiga. Blandiendo su aguzada hoja y salpicándose con la sangre tibia del enemigo, Takeo vislumbró el terror en los ojos de aquellos desdichados, mientras intentaban huir en desbandada. La imagen de Miraku se difuminó en medio de un poder bestial que emanaba del fondo de su ser. Una fuerza avasalladora que borró todo rastro de humanidad, convirtiéndole en un lobo hambriento.
Los que no caían aplastados bajo el peso de las monturas eran desmembrados por las espadas de las tropas Nihashi. Cientos buscaron la seguridad de la colina, creando un caos colosal que los atacantes no pasaron por alto. Las filas de infantería y arqueros se deshacían bajo los cascos de aquellas monturas acorazadas. Por un breve instante la posibilidad de victoria comenzó a latir en los corazones de aquellos fieros guerreros, pero se diluyó al advertir la poderosa fuerza de caballería que avanzaba a todo galope desde los costados del valle, cerrando toda posibilidad de repliegue. Pero los Nihashi eran una casta guerrera, y el deshonor de la retirada nunca hubiese manchado sus pensamientos. Al vislumbrar la amenaza que se cernía sobre ellos, pegaron las rodillas a los ijares de las bestias y cabalgaron como el viento con su señor a la cabeza.
Kogy se abrió paso con furia, destrozando yelmos y cortando miembros sin piedad. Un gesto enloquecido llenaba su rostro manchado de sangre. El filo de una lanza destripó a su montura, pero el menor de los Nihashi se irguió y abrió un sendero de muerte a punta de espada. Los rivales caían como trigo maduro al paso de su acero. Se volvió por un instante y contempló el corcel de batalla de su padre reventando las defensas de Matsuo, seguido por el grueso de la caballería que aún continuaba con vida. Tras ellos, un manto de cadáveres daba cuenta de la ira de su avance. Y más allá, el fulgor de de las corazas bruñidas de los jinetes enemigos destellaba como mil soles. Kogy alzó la vista al lienzo azulado y cargó en medio de un grito de batalla, abatiendo a todo aquel que le hacía frente.
Takeo evadió el filo de un yari y cercenó el brazo de su atacante. Frente él, la guardia personal de su progenitor era diezmada por una marea de arqueros y lanceros que manaron del bosque para proteger a su señor. No obstante un puñado de jinetes consiguió romper aquella inesperada resistencia, abriéndose paso hacia el corazón del enemigo. Akira Nihashi se derrumbó enfrente del pabellón de Matsuo y sus oriflamas de leones alados. Se puso de pie con esfuerzo, la adrenalina reventando en su pecho. Dos saetas asomaban sobre su armadura y una tercera le mordía el muslo derecho. Los ojos enloquecidos de Matsuo le contemplaban con horror y sorpresa. Nunca imaginó que los Nihashi pudieran alcanzar su propio campo. Varios guerreros salieron a hacerle frente, pero el arribo de Takeo y el resto de los hombres les obligo a luchar por su propia vida.
El señor de los Nihashi avanzó con lentitud hacia su enemigo, el mismo que había roto un pacto de centurias para apuñarle por la espalda con ayuda de los señores del Este. Sonrió con amargura y enfiló con determinación hacia aquel odiado rival. El sonido de la batalla reverberaba en sus oídos, trayendo consigo los lamentos de los caídos y el restallar de los aceros. Matsuo retrocedió aterrado, buscando el auxilio de sus tropas. No obstante, un cinturón de fuerzas de Nihashi retenía a los atacantes y toda posibilidad de salvación.
Matsuo atacó en medio de la desesperación. Ambas hojas levantaron un mar de chispas azuladas al chocar. Sin embargo, la habilidad de Akira era legendaria y la suerte estaba echada para el traidor. La katana realizó un arco fulgurante, rajando de un solo tajo el vientre de Matsuo. Éste cayó de rodillas, con una expresión impotente en su rostro sudoroso. La hoja cayó de nuevo y la cabeza del noble rodó a los pies de Akira Nihashi. Una extraña paz invadió al señor de aquellas tierras al comprender que su honor estaba intacto. La afrenta había sido compensada con creces. Volvió la vista y contempló a la caballería enemiga abriéndose paso a través de sus mermadas fuerzas. Aspiró el aire cargado de muerte y sintió el calor del sol calentando su rostro congestionado. Takeo yacía a pocos pasos de allí, los ojos sin vida fijos en el manojo de cabello que asomaba entre sus dedos manchados de sangre. No hubo pena en su corazón al contemplar el despojo de su heredero, tan sólo una macabra satisfacción al saber que Takeo había caído defendiendo el honor de su familia. Los últimos guerreros del clan Nihashi eran diezmados por una fuerza cinco veces superior. El grito de batalla de Kogy se alzaba sobre los sonidos del combate. Un torbellino de acero que pronto se vería acallado por el poder del enemigo.
Akira Nihashi sonrió con desdén al advertir los rostros furiosos que se acercaban blandiendo sus lanzas. Soltó una carcajada que dejó estupefactos a sus rivales y, luego, con un rápido movimiento, se arrojó sobre su propia espada para evitar la vergüenza de la captura.

FIN.

lunes 28 de diciembre de 2009

Armas Antiguas- Espadas largas y bastardas



Espada larga


La espada larga —del inglés longsword—, también llamada en la península montante y en ocasiones 'espada de guerra', 'espada de mano y media' e incluso espada bastarda es una espada europea de hoja larga y doble filo, más estrecha y con cruz más amplia que la espada medieval, y con empuñadura para dos manos (o mano y media), que se usó profusamente entre los siglos XIV a XVI
Su característica más importante fue, además de su longitud, su forma de blandirla. Estas armas se empleaban exclusivamente a dos manos, y dado que su empuñadura era de "a mano y media", ciertas -pocas- de sus formas de blandirlas podían hacerse a una mano.
La espada larga o montante, recoge en su familia a varios tipos de espadas de hoja larga de uso principal a ambas manos entre las que se encuentran las antes citadas "pero" que no engloban las grandes armas de filo a dos manos de la época y posteriores como son el mandoble -espadón, claymore y demás armas tradicionalmente llamadas "a dos manos". Esto es debido a su tamaño intermedio entre las familias de armas blancas a una mano y a dos, y a su forma y escuelas de esgrimirlas.
En el caso español, el montante -arma de doble filo a dos manos y de grandes gavilanes-, es el término correcto y más técnico de llamar a la espada larga, y es genérico para las espadas usadas a ambas manos de todas las épocas. Ciertos especialistas sólo usan el término para tipos de espadas no tan grandes como los espadones suizos y alemanes.



Orígenes

Las espadas largas o montantes son un desarrollo natural desde las llamadas espadas medievales europeas -derivadas de las espadas nórdicas- las cuales eran blandidas a una sola mano, más anchas sobre todo en su primer tercio y con cruz más corta. Fueron, como muchas veces a lo largo de la historia, las armas defensivas (ej. armaduras) las que influyeron en el desarrollo de armas más capaces de superar tales defensas. Por ello, la espada clásica de caballero altomedieval comienza a estilizarse y alargarse, incluso haciéndose más puntiaguda para así conseguir mayor capacidad de daño y/o versatibilidad. Uno de estos desarrollos -el que nos ocupa- es el de la espada larga.
Aunque, como en muchas ocasiones, un arma o restos arqueológicos de ellas aparezcan muchos años o lustros antes de las fechas que dan los historiadores como dados para esas armas, es su uso extendido y su generalización el que nos da las fechas durante las que perduró. Por ello estos tipos de espadas, más largas que sus antecesoras, se dice que comenzaron a emplearse allá por el siglo XIII o XIV, y dejaron de estar en "gracia" -comenzó su desuso- en el siglo XVII.



Morfología

La espada larga solía medir entre los 90 cm y 120 cm de hoja (ver datos de medidas de la Colección Wallace), lo cual, al añadir las largas empuñaduras, hacía que este tipo de espadas pasaran normalmente de 110 cm y llegaran hasta los 130 y 140 de algunos ejemplares muy grandes, y su peso solía exceder el kilo y medio. Su hoja de doble filo fue evolucionando a lo largo de los años de su exclusivo uso cortante al de casi exclusivo uso punzante cuando comenzaron a aparecer las armaduras blancas -las completas de placas de acero-. Por ello pasó de tener una hoja recta y estilizada a otra con hoja romboidal y muy afilada en la punta, a la que catalogan de forma diferente, llamándolas estoque. Su guarda, gavilanes y demás partes de la empuñadura también evolucionan para poco a poco permitir un mejor uso como arma casi exclusiva de punzada.



Espada bastarda

La espada bastarda, o espada de mano y media, es un nombre genérico que se utiliza para denominar muchas variedades de espadas europeas de hoja larga y recta, que pueden ser blandidas a media mano (emplear la siniestra para asir la hoja en su primer tercio, o como apoyo de la diestra en la empuñadura) o a dos manos. Una espada bastarda no era un tipo específico de espada, sino un arma desarrollada a partir de las espadas a una mano que aparecieron en prácticamente toda la Europa occidental a finales del siglo XIII y que siguió en uso hasta bien entrado el siglo XVI. Es esencialmente una espada normal cuya empuñadura modificada para asirse con dos manos acabó popularizándose hasta el punto de que 9 de cada 10 espadas fabricadas en la época tenían la empuñadura así. Pero el hecho de que las espadas de esa época comenzaron a ganar longitud influyó en el razonamiento de que eran espadas a medio camino entre las alto medievales de empuñadura corta y los grandes espadones. Además, su hoja tendería poco a poco a fabricarse más fina y estilizada, usando la misma masa casi que su predecesora, pues no es más que una espada medieval mejor preparada para la esgrima y los mandoblazos.
Espada bastarda es un término del castellano moderno empleado en lugar de montante o espada larga. En francés, por el contrario, hacía referencia a las espadas que tenían la empuñadura de mano y media, pero no está claro si por estar entre la empuñadura de a una o a dos manos, o porque quienes la utilizaron lo hicieron cuando (y por el uso de las armaduras de punta en blanco), los plebeyos y mercenarios, e incluso los nobles, desdeñaron los blasones y heráldica por no portar ya escudos que no protegían más que sus armaduras. Por ello la aristocracia francesa empleó el término bastardo o bastarda para referencias a las armas y gentes del final de su gloriosa caballería feudal.
En inglés también se toma el término del francés, pero la forma preferida en este idioma es "Hand and a half sword" (espada de mano y media). Según el historiador Oakshott, las empuñaduras eran la característica principal de estas armas, no su tamaño total, lo que implica que fue más una moda debido al estilo de esgrima -se prefería no utilizar escudo- de esa época.



Aclaraciones del uso de las armas de mano y media

Algunas espadas bastardas y todas las espadas largas (del alemán "langschwert") eran armas de mano y media a dos manos, y no de una sola mano. Por tanto, las espada bastardas consideradas grandes corresponderían a las longsword de fin del Medioevo y principios del Renacimiento, y eran por tanto usadas a dos manos (el término mano y media es empleado para armas cuyo estilo y uso obligaban a emplear ambas manos de diversas maneras -pocas acciones se realizaban a una sola mano con estas espadas, y las suelen llamar "soltar" la espada-, lo que ratifica que no se usara a una o dos indistintamente).

Características

Una espada bastarda, en cuanto a su peso, está bien balanceada, siendo lo suficientemente pesada como para desmontar a un jinete, pero permitiendo el manejo y la velocidad que se requieren en un campo de batalla. Al mismo tiempo, su longitud y peso la vuelven tan efectiva como un mandoble a la hora de romper formaciones de piqueros (que era el propósito original de los espadones).
Recibe su nombre por ser una hibridación de las dos espadas anteriormente mencionadas.
La versatilidad de esta espada, que podía ser empleada como una maza, como una lanza y como un hacha, logró que fuera ampliamente utilizada casi hasta el renacimiento cuando fue desplazada por el rapier o espada ropera.
La técnica empleada constaba de posiciones básicas como el gato, la dama, el rey y caballero, entre otras, además de ataques con el pomo y la guarda.



Fuente: http: // es.wikipedia.org/wiki/Espada larga
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Espada_bastarda

jueves 17 de diciembre de 2009

El oro de Darío en Ragnarok No. 6

De nuevo un relato de este servidor participa en las página del ezine de La Asociación Española de Espada y Brujeria. Se trata de una nueva aventura del legionario Flavius Crasus, titulada El oro de Darío.
Para aquellos que deseen echarle un vistazo, pueden acceder a través del vínculo en la sección Relatos en la Red.
De nuevo agradezco a Andrés Díaz Sánchez, por tenerme en cuenta para este nuevo número de Ragnarok.

lunes 14 de diciembre de 2009

Las guerras dacias


La columna de Trajano, construida para celebrar la victoria sobre los dacios.

Durante el siglo I, la política romana respecto a los países vecinos y a las amenazas potenciales era que estas debían ser contenidas pronto. En época de Augusto, cuando los territorios al sur del Danubio fueron ocupados y convertidos en la provincia Moesia, se firmaron varios tratados de alianza con el reino de los Dacios, tratados que fueron mantenidos por los siguientes emperadores y reyes de los dacios. A finales del siglo I ddc, el ascensó al trono de un nuevo y dinámico rey de los dacios, llamadoDecébalo, supuso un cambio en la situación, ya que este rey elaboró una política exterior agresiva, por lo que necesariamente debía chocar con Roma. Tras alguna derrota frente a Decébalo, en la que llegó a morir el Prefecto del Pretorio y a ser destruida la Legio XXI Rapax, Domiciano pactó una paz de compromiso que no consiguió que Decébalo dejara de ser enemigo romano, paz que incluía el pago de un subsidio a los dacios a cambio de paz, lo que fue interpretado en Roma como el pago de un tributo a un reino bárbaro y fue una de las causas del asesinato de Domiciano. A pesar de los compromisos a los que había llegado con los romanos, desde sus dominios se continuó acosando a las caravanas y flotas de comerciantes, llegando incluso a realizar actos de pillaje y saqueo de poblaciones fronterizas. Por todo esto, Dacia se veía desde el Imperio Romano como un enemigo potencial.
Además, en esa época, el Imperio romano estaba sufriendo grandes dificultades económicas, principalmente de las costosas campañas militares emprendidas por toda Europa. Los recursos naturales de Dacia, en particular su oro, incitaron probablemente en parte el conflicto.


Guerrero Dacio

La primera guerra

Tras conseguir el consentimiento del Senado Romano, en el año 101, Trajano estaba listo para avanzar sobre Dacia, campaña que le llevaría a integrar una nueva provincia dentro de las fronteras del Imperio. Desde que cartagineses y galos acosaran Roma la estrategia más exitosa siempre había sido la misma: reducir el potencial militar del enemigo a cero aplastándolo con todo el peso de las legiones y romanizar posteriormente el territorio conquistado imponiendo la organización administrativa y obras públicas romanas.
Para la campaña del 101-102 d.C Trajano dispone de 86.000 hombres repartidos entre 7 legiones y 41 cohortes mixtas ( caballeria más infantería) de auxiliares y algunos vexillationes de otras legiones. El ejército reunido es enorme, el mayor desde tiempos de Augusto y que no sería superado hasta la gran operación de Marco Aurelio en el Danubio contra los germanos.
El ejército marcha sobre Tapae donde, en la decisiva Batalla de Tapae, se atrinchera el líder dacio con unos 40.000 hombres entre caballería sármata e infantería dacia. Dada la inferioridad numérica de sus fuerzas, decide jugársela preparando una encerrona a Trajano, pero este, previendo la situación, divide su ejército en dos grupos. El primero dirigido por el propio emperador lo forman las legiones I Adiutrix y II Adiutrix Pia Fidelis IV Flavia , y VII Claudia más las dos cohortes de la guardia pretoriana, 20 de infantería auxiliar y 30 mixtas con unas 10 alas de caballería. Esta fuerza se dirigirá frontalmente hacia los 30.000 hombres de infantería que presenta Decébalo en el estrecho paso por el que obliga a pasar a Trajano. Varias de las cohortes auxiliares y vexillationes se ocupan de cubrir los flancos mientras el segundo contingente dejado al mando de Tercio Juliano se interna en el bosque con las legiones I Italica, V Macedonica, y XIII Gemina para expulsar a la caballería sármata escondida en él y neutralizar así su emboscada.
En 102 Decébalo, tras algunas escaramuzas menores, se rindió. La guerra había durado tan sólo unos meses con victoria romana. Dacia queda convertida en un estado tributario y aliado de Roma por lo que varias legiones son apostadas en su territorio para asegurar el dominio romano.



La segunda guerra

Tras su subyugación, Decébalo cumplió con Roma por un tiempo, pero al poco comenzó a incitar a rebelarse a las tribus dacias, dando como resultado numerosos pillajes de colonias romanas situadas a lo largo del Danubio. En el año 106, Trajano volvió a reunir sus ejércitos para una segunda guerra en Dacia.
A diferencia de la primera guerra, la segunda se desarrolló en innumerables escaramuzas que resultaron caras para el ejército romano, el cual, enfrentándose a un gran número de tribus aliadas, luchó fuertemente por una victoria decisiva. Finalmente, Roma prevaleció sobre Dacia. Al comienzo del verano de 106, se produjo un asalto a la capital Sarmizegetusa con la participación de las legiones II Adiutrix y Flavia Felix junto con un vexillation de la legión VI Ferrata .. Los dacios repelieron el primer ataque, pero al final la ciudad fue tomada y quemada. Decébalo huyó, pero pronto se suicidó, para evitar así el ser capturado. A pesar de la muerte del líder de los dacios la guerra continuó. Por la traición de Bicilis (un confidente del rey dacio), los romanos encontraron el tesoro de Decébalo en el río Sargetia (tesoro que ascendía, según la evaluación de Jerome Carcopino, a 165.500 kilos de oro y 331.000 kilos de plata). La batalla final de la guerra tuvo lugar en Porolissum.


Guerreros dacios.

Consecuencias

Las Guerras Dacias fueron un gran éxito para el Imperio Romano. Trajano ordenó un total de 123 días de celebraciones por todo el Imperio. Las ricas minas dacias fueron aseguradas, lo que produjo un alivio en la situación económica imperial. Una gran parte de la población dacia fue esclavizada o muerta, en gran parte para evitar futuras revueltas, por lo que Trajano decidió que la nueva provincia debía ser repoblada, para lo cual procedió a fundar colonias y municipios y a repartir tierras a todos los libres del Imperio que deseasen instalarse allí, con lo que un buen número de itálicos, ciudadanos romanos, se instalaron en Dacia, romanizándola intensamente. Dacia pasó a ser, oficialmente, parte del Imperio y para asegurar su defensa, ya que estaba bastante abierta a los movimientos de pueblos de la gran llanura europea, particularmente germanos y sármatas, se instalaron dos unidades legionarias, la Legión XIII Gemina en Potaissa y la legión I Italica en Novae.

Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Guerras_Dacias

miércoles 25 de noviembre de 2009

Reflejos en el cristal

Bueno, chicos. Aquí les dejo un relatillo de terror con el que participé en el VIII concurso de Tierra de Leyendas, organizado por la página Sedice.com.
Me siento satisfecho con el resultado, ya que la historia quedó entre los relatos opcionados para ser publicados.

REFLEJOS EN EL CRISTAL

Las manos no dejaban de temblarle y el corazón latía desbocado en su pecho. Mike Pinzón respiró hondo y apretó con fuerza el volante del coche. Sonrió al pensar lo estúpido que había sido al asustarse de aquel modo. Tal vez la tensión y el cansancio conspiraron en su mente para crear aquella visión en el retrovisor.
Miró el monótono paisaje que se abría a ambos lados de la interestatal 15, y percibió el olor del ozono que flotaba en el ambiente. A través del espejo podía ver los nubarrones negros y grises que comenzaban a ocultar el ardiente sol del mediodía. Ya advertía el calor pegajoso que aquello traería consigo. Se recreó por unos instantes en la desolación abrumadora que parecía encogerle el alma. No se escuchaba ningún sonido, ni siquiera el silbido del viento rasgando las interminables planicies de aquel erial. Encendió un cigarrillo e imaginó que le quedaban poco menos de dos horas para estar de nuevo en Las Vegas. Al pensar en los diez mil dólares que le esperaban en la ciudad, una mueca parecida a un sonrisa le dio vida a su semblante. El trabajo estaba hecho, no quedaba más que cobrar.
La tormenta le alcanzó unas millas antes de alcanzar el poblado de Mezquite. Los rayos sesgaban el cielo y los truenos respondían con fabulosos bramidos que consiguieron inquietarle. No esperaba un temporal tan violento en aquella época del año. Entonces, de la nada, apareció la silueta de una gasolinera a un lado de la vía. Mike desvió el vehículo y se detuvo enfrente de un caserón de dos pisos, contiguo a la estación. No le gustaba la idea de detenerse, pero no quería conducir en estas condiciones.
De pronto su aliento se congeló al advertir el rostro surcado de arrugas que se reflejaba de nuevo en el retrovisor. Una mano gélida le revolvió las entrañas al volverse hacia la parte posterior.
Nada. Tan sólo el asiento vacío y el reflejo de un rayo reventando en la distancia.
Un sudor frío perlaba la amplia frente del Mike. Aquel maldito espejismo no le hacía ninguna gracia. Alzó la vista y distinguió el anunció que titilaba sobre la puerta del lugar. “Medicine man”, rezaba en letras desconchadas sobre una figura que necesitaba una buena mano de pintura. Encendió otro cigarrillo y pensó que un trago le haría bien.
El local no era más que una cabaña cochambrosa con un mostrador y unas cuantas mesas mal iluminadas. Mike sonrió al imaginar que algún estúpido pretendía recrear el ambiente del viejo oeste en aquel antro de mala muerte. Tres hombres que charlaban en el rincón apenas le notaron tras cruzar a su lado. Un hedor extraño flotaba en el aire y Mike decidió que era mucho mejor buscar un sitio en la barra, cerca de la ventana. Una mujer de mal aspecto vegetaba en el extremo, jugueteando con un vaso vacío. Tenía la mirada perdida en la hilera de botellas que se amontonaban en las estanterías al otro lado del mostrador. Mike contempló la extraña colección y el inmenso espejo que se alzaba en el centro.
Bebió un escocés bien cargado, tratando de apaciguar el desasosiego que le invadía. No podía imaginar qué demonios le estaba sucediendo… ¿estaría perdiendo la cordura? Era imposible que algo así pudiera pasarle. Se estremeció al recordar aquellos ojos negros, enclavados como pequeñas canicas en el rostro ajado que se reflejaba en el retrovisor. Inquieto, apuró el trago, mientras el estruendo de la tormenta rompía con el tenso mutismo que reinaba en aquel lugar.
Entonces, un horror atávico le pegó a la silla cortándole la respiración. Apretó los ojos y apartó la vista del espejo como si se tratase de una luz deslumbrante que le hiriera las pupilas. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del vaso hasta que los nudillos se blanquearon.

No era posible…. No.

Con esfuerzo, alzó de nuevo la cabeza y contempló la imagen que le devolvía el cristal. Allí, sentado a un lado de la puerta, se hallaba un indio de piel curtida surcada de arrugas. Sus ojos, negros como la noche, traspasaban la humanidad de Mike Pinzón como agujas de hielo.
Aterrado, por poco cae de la butaca, atrayendo las miradas de los pocos parroquianos que se hallaban alrededor. Su desconcierto aumentó aún más al descubrir que la mesa en que se suponía estaba el carcamal se encontraba vacía.
Necesitaba calmarse si pretendía apaciguar el caos que comenzaba a latir en su interior. Intentó buscar los cigarrillos, pero sus manos se negaban a responderle. Ahora todas las miradas estaban fijas sobre él, como si se tratase de alguna especie de lunático. Comenzaba a sentirse asfixiado con aquella situación. Corrió hacia el baño y permaneció allí por unos minutos, tratando de organizar sus ideas. De repente su mundo perdía toda coherencia, arrastrándole en una espiral de caótica locura.
No era posible, se dijo a sí mismo, contemplado la imagen que le devolvía el espejo del baño y temiendo que ocurriera nuevamente. Pero no. Tan sólo su semblante sudoroso y los ojos inquietos le observaban desde el otro lado. Se mojó el rostro y se arregló el cabello lo mejor que pudo, abochornado ante el patético espectáculo que acababa de representar.
Cerró los ojos y aspiró el hedor a orín y suciedad estancada que impregnaba el lugar. Una sensación estremecedora le recorrió la espina dorsal al sentir una sensación gélida sobre su hombro. Abrió los ojos y se encontró con el rostro del anciano reflejado en el cristal. Esta vez una sonrisa desdentada acompañaba aquella expresión, dándole un aspecto aún más aterrador.
Mike golpeó la lámina con furia, las astillas se clavaron en su carne pero el caos que reinaba en su interior hizo caso omiso del dolor. Lo único que deseaba era salir de allí cuanto antes, abandonar el lugar y enfilar de nuevo hacia donde todo comenzó.
El encargado intentó detenerle en la puerta, pero Mike, en medio de su locura, le arrojó contra un mesa repleta de botellas. Lo único que escuchó antes de encender el coche fue el grito ahogado de la mujer que se hallaba en el interior del bar.
Sin pensarlo siquiera, le dio la vuelta al vehículo y enfiló en dirección contraria, rumbo a Littlefield, Arizona. La lluvia arreciaba, pero esto no evitó que Mike pisara el acelerador a fondo. Debía saberlo, debía conocer la verdad antes de perder el último jirón de cordura que aún conservaba.
Los rayos hendieron los cielos mientras conducía a toda velocidad por aquel descampado. La mano herida comenzaba a palpitar y el trozo de tela sucia que evitaba la hemorragia no era más que una mancha rojiza y turbia. Pero nada de eso parecía importarle, continuaba conduciendo a pesar de la baja visibilidad y las gotas furiosas que golpeaban sobre el parabrisas.
La noche había caído ya cuando el Taurus negro se desvió por un sendero convertido en un lodazal. Mike maldijo al notar que las llantas se hundían en aquella inmundicia impidiendo su avance. Se bajó y se arrastró por aquel fango en dirección a la cima rocosa. Trastabilló varías veces, lastimándose la mano herida, pero esto no impidió que alcanzara al fin su destino.
Una mueca demencial ensombreció su cara enjuagada por la lluvia y el sudor. Los ojos ardieron como ascuas al caer sobre el montículo que se hallaba a sus pies. Hundió los dedos en aquel fangal, cavando con denuedo, mientras la tormenta arreciaba sobre su cabeza. Una carcajada espeluznante hizo eco en medio de la penumbra cuando sus manos rozaron el rostro del anciano enterrado en aquel túmulo.
—¡Estás muerto, hijo de perra! —gritó exultante, con el semblante convertido en una mueca aterradora—. Yo mismo te enterré bastardo…
Un destello grisáceo apareció en la mano de Mike.
—¡Estás muerto, muerto… me oyes! —rugió, vaciando el cargador de la SIG-Sauer nueve milímetros sobre aquel despojo—.¡Muere de una puta vez, indio maldito!
Extenuado, Mike cayó de rodillas. Temblaba sin cesar y el frío le calaba los huesos. Por fin podía descansar, el bastardo estaba realmente muerto… no le atormentaría más con su presencia.
Como pudo, regreso hasta el vehículo, convertido en un desastre. Se dejó caer en el interior. Soltó una carcajada demencial al pensar en lo sucedido. Nadie le creería aquella maldita locura.
Recordó los cigarrillos que guardaba en la guantera. Necesitaba fumar con desesperación.
Respiró el aire cargado de ozono y se acomodó en el sitio del conductor. Aún debería pensar como demonios sacaría el coche del barrizal.
Entonces se quedó sin aliento al advertir el rostro ajado y los ojos hundidos que le observaban desde el otro lado del retrovisor, en medio de una sonrisa espeluznante.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Armas Antiguas- Katana



La katana es un sable japonés (daitō), aunque en Japón esta palabra es usada genéricamente para englobar a todos los sables. "Katana" es el kunyomi (lectura japonesa) del kanji 刀; el onyomi (lectura china) es "tō" (pronunciado /to:/).
Se refiere a un tipo particular de sable de filo único, curvado, tradicionalmente utilizado por los samuraís. Su tamaño más frecuente ronda el metro de longitud y el kilo de peso.
El tipo de Katana más difundido en la actualidad es el conocido como " Oda Nobunaga", en alusión al shogún creador de dicho modelo, de hoja curva y alrededor de un metro de longitud total.



Origen

El origen de la katana japonesa se remonta a los siglos X-XII, cuando los chinos de la dinastía Song introdujeron en el país una espada curva llamada "El destripador de caballos" (斩马刀), nombre dado por ser un arma utilizada en combate contra la caballería pesada para destripar el vientre o atacar los cuartos delanteros del caballo. Esta espada, más adelante conocida como sable, simplemente evolucionó hasta la posterior katana Japonesa.



Características

Debido al carácter curvo de su hoja y a su único filo, la katana debe ser considerada realmente un sable. Como tal, está fundamentalmente orientada al corte más que a la estocada. Su curvatura surge de la necesidad de obtener un corte eficaz cuando se maneja desde la montura del caballo; la hoja recta tiende a "empotrarse" en el momento del corte, mientras que la curva obtiene siempre un corte tangencial a la trayectoria del arma y con ello evita que la katana se quede bloqueada.
La katana era utilizada principalmente para cortar y debido a su capacidad de producir heridas muy severas, era considerada una especie de " guillotina de mano". Se la desenvaina con un movimiento axial de rotación, llevando el filo hacia arriba y se la puede blandir con una o dos manos (siendo esta última modalidad la tradicional).
Aunque el arte del manejo del sable japonés, según su propósito original, ha quedado en la actualidad casi obsoleto, el kenjutsu (conjunto de técnicas de sable) dio origen al gendai budo, un arte marcial moderno. Mientras, la esencia de su manejo persiste en el iado (antiguamente iai jutsu), que es el arte de "desenvainar cortando" y en el kendo (vía del sable) que es el arte de esgrimir una espada de bambú conocida como shinai y utilizando como protección una máscara (men) y una armadura (bogu). Las escuelas originales del kenjutsu koryu aún existen y siguen siendo practicadas, como Niten Ichi Ryu.



Elaboración y tratamiento

Las espadas japonesas y otras armas cortantes eran fabricadas mediante un elaborado método de calentamiento reiterado, plegando y uniendo el metal. Esta práctica se originó debida al uso de metales altamente impuros.
La curvatura distintiva de la katana se debe, en parte, al trato diferencial durante el calentamiento al que es sometida. Al contrario de gran parte de las espadas producidas en otros lugares, los herreros japoneses no endurecen el sable completo, solamente el lado que posee filo. El proceso de endurecimiento hace que la punta del sable se contraiga menos que el acero sin tratar cuando se enfría, algo que ayuda al herrero para establecer la curvatura del sable. La combinación de un lado duro y un lado blando de la katana y de otros sables japoneses es la causa de su resistencia a pesar de retener un buen filo cortante.
Para ayudar al manejo de la katana, existe un tipo de arma llamada bokken, en forma de katana, pero de madera, cuya aplicación sirve para perfeccionar el movimiento de la katana sin ningún tipo de peligro y así combatir en entrenamientos.



Shirasaya y Shikomizue

La Shirasaya (白鞘? literalmente vaina blanca)) es en apariencia similar a la katana, aunque carece de Tsuba (guardamano), y su Tsuka (mango), sin un Same (forro) y Tsuka-Ito (encordado) parecen formar una sola pieza de madera junto a la Saya (vaina) al estar la hoja envainada, dandole un aspecto similar a un Bokken. Dadas sus limitaciones, este montaje no se considera un arma efectiva, si no más bien una forma de almacenar una hoja de espada. A pesar de ello, si se produjo un tipo de arma ideada para el combate con estas características, la Shikomizue (仕込み杖? literalmente bastón preparado), donde estas características cumplían la función de disfrazar el arma como un bastón.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Katana

viernes 30 de octubre de 2009

Conan el Cimmerio- Robert E. Howard

Voy a comentar una de las propuestas más interesantes y completas que se pueden encontrar de Conan el Cimmerio, el legendario personaje creado por el escritor tejano Robert E. Howard, en la primera mitad del siglo XX.
Se trata de un compendio fabuloso, que hará las delicias de los seguidores del género de espada y brujería.
Los editores de Timun Mas se concentraron en plasmar las historias del bárbaro de acuerdo al orden cronológico en que fueron escritas por el autor.
Aparte de los relatos, cada entrega trae también algunos borradores, sinopsis y capítulos de cuentos desconocidos de Howard.



Conan de Cimmeria Volumen I

En esta edición de lujo, podemos encontrar los primeros relatos de este aventuro, ladrón y mercenario que recorrió la fabulosa tierra hyboria, un mundo plagado de peligros y brujería.
Este número, profusamente ilustrado por Mark Schultz, contiene los siguientes relatos:

Cimmeria
El fénix de la espada
La hija del gigante helado
El dios del cuenco
La torre del elefante
La ciudadela escarlata
La reina de la Costa Negra
El coloso negro
Sombras de hierro a la luz de la luna
Xuthal del crepúsculo
El estanque del negro
Villanos en la casa
El valle de las mujeres perdidas
El diablo de hierro

Debo aclarar que este volumen de lujo incluye las historias de los tomos 1 y 2 de la edición de tapa blanda.

Titulo: Conan de Cimmeria
Autor: Robert E. Howard
Editorial: Grupo Editorial Ceac, S.A., 2004
ISBN: 84-480-3390-6
Páginas: 560



Conan el Cimmerio 3

En este volumen de tapa blanda, encontramos las siguientes historias, esta vez ilustradas por Gary Gianni.

El pueblo del círculo negro
Nacerá una bruja

Titulo: Conan el Cimmerio 3
Autor: Robert E. Howard
Editorial: Scyla Editores, S.A., 2006
ISBN: 84-480-3539-9
Páginas: 220



Conan el Cimmerio 4

En esta entrega, encontramos la única novela escrita acerca de este personaje, una obra creada por Howard con la intención de ganar adeptos en el viejo continente, especialmente en Gran Bretaña. Gary Gianni se encarga de ilustrar esta emocionante historia.

La hora del dragón

Titulo: Conan el Cimmerio 4
Autor: Robert E. Howard
Editorial: Scyla Editores, S.A., 2006
ISBN: 84-480-3540-2
Páginas: 260



Conan el Cimmerio 5

Otra gran entrega con tres historias repletas de emoción y misterio, ilustradas esta vez por Gregory Manchess.

Los sirvientes de Bit-Yakin
El negro desconocido
Los antropófagos de Zamboula

Además de estas historias, se incluyen algunas sinopsis y dos borradores de un relato inconcluso titulado, Lobos de allende la frontera.

Titulo: Conan el Cimmerio 5
Autor: Robert E. Howard
Editorial: Scyla Editores, S.A., 2007
ISBN: 978-84-480-3586-0
Páginas: 253



Conan el Cimmerio 6

En esta entrega encontramos dos de los mejores relatos-según mi opinión- del héroe cimmerio. Gregory Manchess es el encargado de las ilustraciones.

Más allá del río Negro
Clavos rojos

Titulo: Conan el Cimmerio 6
Autor: Robert E. Howard
Editorial: Scyla Editores, S.A., 2007
ISBN: 978-84-480-3587-7
Páginas: 240