lunes, 22 de agosto de 2016

Vindius el guerrero del Norte



Vindius el guerrero del norte es un soplo de aire fresco que nos devuelve a los relatos aventureros de los días de gloria del pulp. Se trata de las peripecias de un guerrero cántabro que después de luchar contra el ojancano, uno de los hijos de Poseidón, obtiene uno poderes que lo convierten en un guerrero invencible que tiene que vérselas con demonios,dioses y cuanta criatura perversa y hostil se cruce en su camino. Acompañado siempre por su fiel compañero y cronista, Milciades el romano, este bravo guerrero recorrerá las frías tierras hispanas y los dominios mediterráneos para alcanzar Roma, manchando su hacha con la sangre de sus enemigos.
La obra de Luis Guillermo del Corral tiene los elementos que le encantan a los seguidores de la Espada y Brujería. Por medio de relatos encadenados que nos llevan por un camino de emociones y batallas contra hombres y seres sobrenaturales, que recuerdan bastante la obra del maestro Robert E. Howard, el inmortal creador de Conan el bárbaro.     
Una obra muy recomendable para los amantes del género. Por ahora las aventuras del aguerrido cántabro han salido en dos libros bien interesante titulados Vindius el guerrero del Norte y Vindius el Indómito.

Espero que podamos seguir disfrutando de más entregas de este gran héroe cargado de aventuras. 



Titulo: Vindius el Guerrero del Norte
Autor: Luis Guillermo del Corral
ISBN: 978-84-940803-8-8
Páginas: 209
Editorial: Dlorean Ediciones- Salamanca

Título: Vindius el indómito
Autor: Luis Guillermo del Corral
Páginas: 200
Editorial: Dlorean Ediciones-Salamanca

lunes, 23 de mayo de 2016

La amenaza de Shiva en la portada de Relatos Pulp




Hola chicos, los quiero invitar a leer unos mis últimos escritos publicados en la portada de la web de Relatos Pulp, una página dedicada a todo lo que tiene que ver con aquellos años dorados de la literatura de aventuras y acción. El relato fue publicado por primera vez en la edición de Amanecer Pulp 2015, especial Portal Oscuro.
La amenaza de Shiva

sábado, 30 de abril de 2016

Lecturas



La segunda parte de la trilogía de Marco Ulpio Trajano nos transporta a la Roma imperial, donde el emperador hispano tiene que afianzar su poder político en medio de intrigas palaciegas e intentos de asesinato por parte de los antiguos seguidores de Domiciano. También tiene que hacer frente a los enemigos que amenazan las fronteras del imperio en Germanía y el Danubio. Aquí se ve abocado a una campaña sin cuartel contra el rey dacio Decébalo, quien pretende derrotar al recién nombrado emperador y afianzar su poder al otro lado del Danubio.
Circo Máximo es una novela entretenida, que a pesar de contar con casi mil doscientas páginas, se lee de manera trepidante, gracias a unos capítulos cortos e intensos que no tardan en atrapar al lector. El autor también nos ofrece un maravilloso recorrido a través de la vida romana de siglo II d.C.
, desde las diversiones del pueblo en el anfiteatro y el Circo Máximo, hasta los juicios de las Vestales y la cultura y literatura de aquellos días. En definitiva, se trata de una novela que los amantes de la historia antigua no deben dejar pasar.
Para ampliar un poco el tema, la trilogía está conformada por los siguientes títulos, que ya han sido publicados en su totalidad.
Los asesinos del Emperador, Circo Máximo y la Legión perdida.

Título: Circo Máximo
Autor: Santiago Posteguillo
ISBN:13:978-84-08-11711-7/10:84-08-11711-4
Páginas: 1197
Editorial: Planeta



Primero que todo, debo confesar que no conocía mucho de Neal Stephenson. Había leído algunos comentarios acerca de sus obras, pero no me había acercado a ellas hasta que me topé con Reamde en un saldo inesperado. El título me llamó la atención, sobre todo el aparte de introducción en la portada. Cuando lo comencé a leer me vi inmerso en el mundo de un multimillonario que es propietario del juego en línea más exitoso del planeta. Sin embargo, esto no es sino el marco de una aventura que inicia con el robo de unos números de tarjetas de crédito por parte del novio de la sobrina del protagonista, un hecho que crecerá de manera exponencial hasta  involucrar a la mafia rusa, un hacker chino y uno húngaro ,además de mercenarios rusos, terroristas islámicos, inteligencia británica y una trama que los arrastra por medio mundo. Readme es ante todo una muestra de la habilidad de su autor para recrear un trama casi inverosímil y convertirla en una aventura trepidante.

Título: Reamde
Autor: Neal Stephenson
ISBN:978-84-666-4768-7
Páginas: 983
Editorial: Ediciones B


Esta es la historia de Flavio Claudio Juliano, mejor conocido como Juliano el Apóstata, el último emperador romano que desafió a la fe cristiana y trató de imponer la libertad de cultos, devolviendo la preeminencia de los antiguos dioses. Es un relato vibrante de traiciones, batallas e intrigas en los últimos días del imperio de occidente. Flavio es nombrado César de la Galia por su primo Constancio II y aquí empieza la epopeya de este noble guerrero que, siguiendo los pasos de Julio César, derrotó a los alamanes y reconquistó occidente para el imperio. Un estadista, filosofo y guerrero que alcanzó en la flor de su juventud el trono de Constantinopla.
Se trata de una novela trepidante y épica que sin duda atraerá a los amantes del mundo antiguo.

Título: Draco, la sombra del emperador
Autor: Massimiliano Colombo
ISBN: 978-84-666-5600-9
Páginas: 470
Editorial: Ediciones B

viernes, 28 de agosto de 2015

Los Partos



Historia

Partia fue un imperio en el territorio del actual Irán, fundado por los partos, (en latín  Parthi) en el siglo III a.C. La región de Partia estaba localizada al noroeste de Irán,  y era conocida sobre todo por haber sido la base política y cultural de las dinastías arsácidas, por lo que el imperio arsácida fue entonces conocido como el Imperio Parto. El nombre latino Parthia deriva del antiguo persa Parthava o Partawa, que era la designación de los partos se daban a sí mismos en su idioma y que significaba “de los partos”.
Partia se corresponde en líneas generales con la mitad occidental de Jorasán. Estaba limitado por la cadena montañosa Kopet Dag en el norte, lo que sería la frontera entre Irán y Turkmenistán y el desierto de Dasht-e-Kavir en el sur. Bordeaba con Media al oeste, Hircania al noroeste, Margiana en el noreste y Aria en el sureste.
Durante la era arsácida, Partia se unió con Hircania, que hoy queda en parte de Irán y Turkmenistán, como una sola unidad administrativa, y esa región es considerada a menudo, según el contexto, una parte de la propia Partia.

Bajo el régimen Aqueménida

Los partos originalmente eran una tribu perteneciente a los escitas, distinguidos por ser criadores de caballos, camellos bactrianos y comerciantes de la Ruta de la Seda, con el nombre de parnos (parni o aparni) que residían en el sureste del mar Caspio. Tras haber conquistado la provincia persa de Partia adoptaron el nombre de Partos, derivado de dicho lugar.
Como una región habitada por los partos, Partia aparece por primera vez como una entidad política en las listas aqueménidas de gobiernos locales (satrapías)  bajo su dominio.  Antes de esto, los pueblos de la región parecían haber estado sometidos a los medos. Textos asirios del siglo VII mencionan un país llamado Partakka o Partukka (aunque puede que no coincidiera geográficamente con lo que luego fue Partia).
De cualquier modo, un año después del que Ciro I derrotase al rey medo Astiages, Partia se convirtió en una de las primeras provincias en reconocer a Ciro como su gobernante, y esta alianza aseguró los flancos orientales de Ciro y le permitieron dirigir sus primeras campañas imperiales contra Sardes. Según las fuentes griegas, después de que Darío I se hiciera con el trono aqueménida, los partos se unieron con el rey medo Fraates para rebelarse contra él. El gobernador persa de la provincia, Histaspes, consiguió suprimir la revuelta, lo que parece haber acontecido en torno al año 522/ 521 a.C.
La primera mención irania indígena de Partia se encuentra en la inscripción de Behistún, de Darío I, donde Partia se encuentra incluida entre las satrapías cerca de Drangiana. La inscripción data de alrededor del año 520 a.C. El centro de la administración pudo haber estado en lo que más tarde se conoció como Hecatómpilo. Los partos también aparecen en la lista de Heródoto de pueblos sometidos a los aqueménidas. El historiador trata a los partos, corasmianos, sogdianos y areios como pueblos de una sola satrapía (la 16), que según Heródoto,  su tributo al rey era de sol 300 talentos de plata.
En la batalla de Gaugamela en el 331a.C., entre las fuerzas de Darío III y Alejandro, una de tales unidades partas fue comandada por Fratafernes, que era en aquel entonces el gobernador aqueménida de Partia. Tras la derrota de Darío III, Fratafernes entregó su gobierno a Alejandro cuando el macedonio alcanzó Partia en el verano del 330 a.C. Fratafernes fue nombrado de nuevo gobernador por el monarca macedonio.


Bajo el régimen de los seléucidas

Tras la muerte de Alejandro, en la partición de Babilonia en el 323 a.C., Partia se convirtió en una región seléucida con Nicanor. Fratafernes, el anterior gobernador, se convirtió en el gobernador de Hircania. En el 320 a.C., con el pacto de  Triparadiso, Partia fue cedida a Filipo, anterior gobernador de Sogdiana. Unos pocos años más tarde, la provincia fue invadida por Peitón, gobernador de la Media Mayor, quien entonces intentó hacer gobernador a su hermano Eudamo. Peitón y Eudamo fueron rechazados y Partia permaneció como una región por derecho propio.
En el 316 a.C., Estasander, un vasallo de Seleuco I  Nicátor y gobernador de Bactria, y al parecer de Aria y Margiana, fue nombrado gobernador de Partia. Durante los siguientes sesenta años, varios seléucidas serían nombrados gobernadores de Partia.
En el 247 a.C., después de la muerte de Antíoco II Theos, Ptolomeo III tomó el control de la capital seléucida en Antioquía, y de esa manera dejó en duda el futuro de la dinastía seléucida. Aprovechando la incertidumbre de la situación política, Andrágoras, el gobernador seléucida de Partia, proclamo su independencia y comenzó a acuñar sus propias monedas.
Un hombre llamado Arsaces, de origen escita o bactriano, fue elegido líder de los Parni, unos pueblos iranios orientales del sureste del mar Caspio. Tras la secesión de Partia del Imperio seléucida y la resultante perdida del apoyo militar de los mismos, Andrágoras tuvo dificultad para mantener sus fronteras, y alrededor del 238 a.C., los parni invadieron Partia bajo el mando de Arsaces y su hermano Tirídates, tomando el control de Astabene (Astawa) la región septentrional de aquel territorio, la capital administrativa de la que era Kabuchan.
Desde el 250 a.C. hasta el 238 a.C., los partos conquistaron, bajo su rey Arsaces, las regiones persas del Imperio de los seléucidas, y de esta manera renovaron el Imperio persa. Un poco después de que los parni tomaran el resto de Partia de Andrágoras, matándole en el proceso, hubo una expedición punitiva de los seléucidas con Seleuco II que no tuvo éxito. No obstante, los seléucidas, bajo el mando de Antíoco III  el Grande, recuperaron el territorio controlado por las arsácidas en el 209 a.C. del sucesor de Arsaces o Tirídates, Arsaces II quien pidió la paz  y aceptó un estado de vasallo. No fue hasta que el nieto de Arsaces II, o su sobrino nieto Fraates I que los arsácidas/parni comenzarían a afirmar las bases de su independencia, el Imperio Parto. 
Desde su base en Partia, las dinastías arsácidas extendieron con el tiempo sus dominios hasta incluir la mayor parte del Gran Irán. Incluso cuando los arsácidas tuvieron su capital en Partia de manera esporádica, su verdadero poder se encontraba allí, entre las familias feudales partas de las cuales dependía el apoyo económico y militar de los arsácidas. A cambio de este apoyo aquellas familias recibieron amplias concesiones de tierra en los territorios adyacentes conquistados por el Imperio, que fueron entregados a la nobleza parta en calidad de gobernadores. Las más grandes de dichas ciudades estado fueron Kuchan,  Semnán, Gorgan, Merv, Zabol y Yazd.   
En el año 141.a.C, con Mitrídates I como rey, los partos añadieron Mesopotamia a su imperio. Este rey fue el primero en ostentar el título de “Sháh an Sháh”, Rey de Reyes. Con Mitrídates II se abre en el año 115 a.C. la Ruta de la seda, recibiendo una delegación del emperador chino Liu Che, el Guerrero.
Desde alrededor del año 105 a.C. en adelante, el poder y la influencia del puñado de familias nobles era tal, que se oponían con frecuencia al monarca, y con el tiempo llegarían a ser un factor decisivo en la caída de la dinastía.
A partir del año 130 a.C., Partia sufrió varias incursiones por parte de varias tribus nómadas, incluyendo a los sakas, los yeuchi y los masagetas. En cada ocasión las dinastías arsácidas respondían de manera personal, haciéndolo incluso cuando había amenazas más severas de los seléucidas o de los romanos amenazando las fronteras occidentales del imperio, como ocurrió con Mitrídates I. Defender el imperio de los nómadas costó la vida de dos monarcas, Fraates II y Artabano I.    Además, poco después del primer encuentro con los romanos, el Imperio Parto se convierte en rival de Roma para conseguir la hegemonía al este del Mediterráneo. Una infinidad de confrontaciones militares caracterizó desde entonces la relación entre los dos estados. Una de las derrotas romanas más famosas es con seguridad la batalla de Carrhae en el año 53 a.C., donde veinte mil soldados romanos perdieron la vida y diez mil quedaron cautivos de los partos. La causa de esta batalla había sido el rompimiento del tratado del año 69 a.C., que reconocía al Éufrates como la frontera entre ambas potencias por parte de Marco Licinio Craso, gobernador romano de la provincia de Siria.


Alrededor del año 32 a.C., estalló la guerra civil entre un tal Tirídates que se rebeló contra Fraates IV, probablemente con el apoyo de la nobleza que Fraates había perseguido. Al principio la revuelta fue exitosa, pero fracasó en el año 25 a.C. En el año 20 a.C., bajo Augusto, el Imperio Romano y el Imperio Parto reconocieron de nuevo el Éufrates como frontera en la ciudad de Dura Europos.  En el año 9/8 a.C., la nobleza parta consiguió poner en el trono a un rey de su predilección, pero Vonones demostró ser demasiado estricto controlando el presupuesto, así que fue usurpado por Artabano I, quien al parecer era un noble parto no arsácida. Pero cuando éste intentó consolidar su posición, fracasó en las regiones donde los gobernantes partos prevalecieron.
Hubo nuevos conflictos bélicos con el Imperio Romano bajo el mandato de Nerón   (54- 68 d.C.).Trajano consiguió victorias importantes sobre los partos, por lo que recibió el sobrenombre de Párthico, aunque no consiguió la sumisión completa del territorio. Con Adriano siguió una época de relativa paz aunque bajo Marco Aurelio volvieron a producirse enfrentamientos en los cuales los partos consiguieron recuperar los territorios perdidos.
A menudo con las guerras con los partos se demuestra el mismo esquema. Tras una ofensiva sorprendente que conseguía llegar hasta Siria o Armenia, seguía un contraataque romano con tropas de refuerzo. Estas a menudo eran exitosas y lograban reconquistar Armenia y Mesopotamia. La capital parta, Ctesifonte, también cayó varias veces. No obstante, los romanos nunca consiguieron consolidar sus conquistas y, tras su retirada, se restablecía la situación inicial. A la  vista de las numerosas confrontaciones, la frontera del Éufrates demostró ser bastante estable.
El poder militar parto residía sobre todo en su caballería pesada y con arqueros, los Katafraktoi (catafractos) y los Klibanoforoi.
Para el siglo II d.C., las guerras con Roma y los nómadas, además de las luchas internas contra la nobleza, habían debilitado a los arsácidas hasta el punto de que no podían defender ya los territorios sometidos. El Imperio se dividió conforme los vasallos comenzaban a reclamar su independencia o eran sometidos por otros. En el año 200 comenzó un levantamiento en Persia bajo Ardacher I, miembro de la dinastía sasánida. Los arsácidas fueron finalmente derrocados por los sasánidas persas, los cuales anteriormente eran un vasallo menor del suroeste de Irán. En abril del 224, Ardacher mató al último rey parto, Artabán IV. Ardacher fue coronado rey fundó la dinastía de los sasánidas. Bajo el gobierno sasánida, Partia fue incorporada a la provincia recientemente formada de Jorasán, y por lo tanto dejó de existir como entidad política. Parte de la nobleza parta continuó resistiéndose al dominio sasánida durante algún tiempo, pero la mayor parte cambió su alianza con los persas muy pronto.
De manera política, se trataba de un estado feudal donde se instauraron condados dinásticos. El gobierno central tenía poca relevancia y el poder de los nobles era importante. La falta de autoridad sobre el imperio por parte del rey fue el causante de las luchas internas constantes y la inestabilidad del trono. En el ámbito cultural, los partos eran tolerantes y estaban abiertos sobre todo a la cultura helenística, aunque al comienzo de nuestra era empezaron a dar relevancia a la influencia irania. 
Los partos hablaban parto, un idioma iranio noroccidental relacionado con el medo. No ha sobrevivido nada de la literatura parta anterior al periodo sasánida en su forma original, y de todos modos, parece que una parte muy pequeña de ella se puso por escrito. Los partos, sin embargo, tuvieron una importante literatura oral, mantenida por los juglares. De hecho su palabra para juglar es gosan, palabra que sobrevive aún en muchos idiomas iranios. Estos cantores estaban presentes en cada faceta de la vida cotidiana parta, desde la cuna hasta la sepultura, y entretenían por igual a los reyes y al pueblo. Sus poemas heroicos han sobrevivido gracias a redacciones persas y árabes.
En la propia Partia el uso documentado del parto escrito está limitado casi a tres mil óstraca, encontrados en lo que parecer ser una bodega de vino en Nisa, en la actual Turkmenistán. Un puñado de otras evidencias del parto escrito se ha encontrado también fuera de Partia, la más importante de éstas, es la parte de un documento de venta de tierra encontrado en Avroman, Kurdistán iraní, además del fragmento de una carta de negocios encontrada en Dura, en la actual Siria.
Las ciudades estado del tamaño considerable existían ya en Partia desde el primer milenio a.C., y no solo desde la época de los aqueménidas o seléucidas. Sin embargo, en su mayor parte la sociedad era rural, y estaba dominada por grandes terratenientes con un gran número de siervos, esclavos y otra mano de obra  contratada a su disposición.
Para la época arsácida, la sociedad parta estaba dividida en cuatro clases de hombres libres. En la parte superior estaban los reyes y los miembros de su familia. Les seguían los nobles menores y el sacerdocio general, seguidos por la clase mercantil y los funcionarios de rango menor y culminando con los ganaderos y granjeros.
Poco se sabe de la economía parta, pero la agricultura debe haber tenido un papel preponderante. El comercio importante surgió por primera vez con el establecimiento de la Ruta de la Seda en el 114, cuando Hecatómpilos se convirtió en un importante cruce de caminos.



El Ejército Parto 


El ejército parto fue uno de los más temidos de la antigüedad, para los primeros diádocos de Alejandro Magno y también para los romanos. Los partos se convertirían por mucho tiempo en los mayores enemigos de Roma, puesto que los romanos nunca encontraron la manera de derrotarlos.
El ejército parto no tenía una clara estructura organizativa. Por lo que se sabe, el ejército era liderado por un comandante supremo, que era el rey, el príncipe o un spahbod. Los spahbod eran elegidos entre los nobles de las grandes casas si el rey o el príncipe no estaban disponibles. Surena, el vencedor del Carrhae, es un ejemplo de ello. A partir de ahí, el ejército se dividía en gunds (divisiones), que eran separadas luego en drafsh (unidades grandes) que después se componían en washt (unidades pequeñas). Todos dirigidos por azats, que eran miembros de la nobleza regional y con los cuales el rey tenía muy poco control. A diferencia de los sasánidas posteriores, la estructura de mando de los partos era feudal, y el rey dependía de la voluntad de los azats en las reuniones militares. 


El ejército parto estaba conformado en su mayor parte por caballería, la infantería era de poca utilidad. El núcleo del ejército parto consistía en los nativos catafractos iranios y los arqueros a caballo. Estos se completaban con levas territoriales (llamadas hamspah) y mercenarios extranjeros. Los más conocidos fueron los catafractos arqueros y la caballería ligera. Los catafractos partos estaban bien armados y acorazados. Solían llevar un casco de bronce o hierro, armadura de escamas o de laminas de hierro cosidas sobre prendas de cuero, permitiendo la movilidad de brazos y piernas. Utilizaban guanteletes acorazados, protector para el cuello, botas de cuero con refuerzos metálicos laminares y barda para el caballo, desde la cabeza y casi hasta los cascos de armadura de escamas o laminar. Los catafractos llevaban dos armas principales, un arco compuesto y una lanza. El arco era un arma secundaria ya que el tiro con arco se dejaba a la caballería ligera. El arma principal era la lanza y era muy diferente de las otras lanzas por su espesor y longitud. Si el jinete contaba con el suficiente entrenamiento y el impulso del caballo era bien rápido, no era extraño ver a una lanza de catafracto atravesar a dos soldados a la vez. También existió un pequeño número de camellos catafractos a lo largo de la historia del imperio, pero los romanos cortaron de raíz aquel problema con la invención de abrojos para hacerles daño a los camellos.
Los arqueros a caballo partos no contaban con armadura al igual que sus monturas. A menudo solo llevaban un arco compuesto y los jinetes solían atacar en círculos a sus enemigos con fuertes andanadas de proyectiles, dejando el resto del trabajo a los catafractos. El hecho más recordado acerca de los arqueros montados era que los jinetes estaban tan bien entrenados, que podían dar vuelta en la silla de montar y disparar hacia atrás mientras el caballo seguía avanzando al galope.  




Las tácticas de los partos fue lo que hizo de ellos unos enemigos letales para griegos y romanos. La maniobra mejor documentada era aquella en la cual atacaban con el sol a sus espaldas inundando al enemigo con una certera lluvia de flechas. Repetían la acción hasta que agotaban los proyectiles y dejaban el resto a los catafractos. Una vez conseguido su objetivo, los catafractos embestían acompañados por el retumbar de grandes tambores de guerra que los seguían en camellos. Mientras esto ocurría, los arqueros se abastecían de flechas en un convoy de suministros conformado por camellos para retomar el ataque sobre el enemigo. Esta táctica fue efectiva en varios niveles y por lo general les permitía alcanzar la victoria. Se cree que la mayoría de estas estratagemas era una variación de este tipo de ataque. De todos modos los partos no tenían la táctica como esencia de su filosofía militar, la cual dependía en gran manera de la velocidad de sus asaltos. La principal falencia de su milicia era la existencia de un plazo de duración de las campañas, estipulado por el momento en el cual los azats regresaban a sus territorios, ocasionado la separación del ejército.
Los partos fueron temidos a través del tiempo su existencia. Al principio contra los seléucidas de Siria y luego por los romanos de los días de Craso. De ahí en adelante los partos continuaron unidos contra la mejor infantería de la época. De alguna manera los partos fueron responsables de que los romanos se vieran obligados a formar su propia caballería acorazada, la misma que siglos después haría famoso al Imperio Romano de Oriente.  

  
      
Fuentes